domingo, 22 de marzo de 2009

LA MEDITACIÓN (Estar muy presente cada instante) SEGÚN KRISHNAMURTI

Krishnamurti
Si durante el día está usted alerta, si está atento a todo el movimiento del pensar, a lo que usted dice, a sus gestos -cómo se sienta, cómo camina, cómo habla- si está atento a sus respuestas, entonces todas las cosas ocultas salen a la luz muy fácilmente. En ese estado de atención lúcida, despierta, todo es puesto al descubierto.
- La mayoría de nosotros está “inatenta”. Darse cuenta de esa inatención, es atención.
- La meditación no es una fragmentación de la vida; no consiste en retirarse a un monasterio o encerrarse en una habitación sentándose quietamente por diez minutos o una hora en un intento de concentrarse para aprender a meditar, mientras que por el resto del tiempo uno continúa siendo un feísimo, desagradable ser humano.
- Para percibir la verdad, uno debe poseer una mente muy aguda, clara y precisa —no una mente astuta, torturada, sino una mente capaz de mirar sin distorsión alguna, una mente inocente y vulnerable. Tampoco puede percibir la verdad una mente llena de conocimientos; sólo puede hacerlo una mente que posee completa capacidad de aprender. Y también es necesario que la mente y el cuerpo sean altamente sensibles —con un cuerpo torpe, pesado, cargado de vino y comida, no se puede tratar de meditar. Por lo tanto, la mente debe estar muy despierta, sensible e inteligente.
- Las necesidades básicas para descubrir aquello que está mas allá de la medida del pensamiento, para descubrir algo que el pensamiento no ha producido son tres: 1) se debe producir un estado de altísima sensibilidad e inteligencia en la mente; 2) ésta debe ser capaz de percibir con lógica y orden; 3) finalmente, la mente debe estar disciplinada en alto grado.
- Una mente que ve las cosas con total claridad, sin distorsión alguna, sin prejuicios personales, ha comprendido el desorden y está libre de él; una mente así es virtuosa, ordenada. Sólo una mente muy ordenada puede ser sensible, inteligente.
- Es preciso estar atento al desorden que hay dentro de uno mismo, atento a las contradicciones, a las luchas dualísticas, a los deseos opuestos, atento a las actividades ideológicas y a su irrealidad. Uno ha de observar "lo que es" sin condenar, sin juzgar, sin evaluar en absoluto.
- La mayor parte del tiempo está uno inatento. Si usted sabe que está inatento, y presta atención en el momento de advertir la inatención, entonces ya está atento.
- La percepción alerta, la comprensión, es un estado de la mente de completo silencio, silencio en el cual no existe opinión, juicio ni evaluación alguna. Es realmente un escuchar desde el silencio. Y es sólo entonces que comprendemos algo en lo cual no está en absoluto envuelto el pensamiento. Esa atención, ese silencio, es un estado de meditación.
- Comprender el ahora es un inmenso problema de la meditación —ello es meditación. Comprender el pasado totalmente, ver dónde radica su importancia, ver la naturaleza del tiempo, todo eso forma parte de la meditación.
- En la meditación existe una gran belleza. Es una cosa extraordinaria. La meditación, no "cómo meditar".
- La meditación es la comprensión de uno mismo y, por lo tanto, significa echar los cimientos del orden —que es virtud— en el cual existe esa cualidad de disciplina que no es represión ni imitación ni control. Una mente así, se halla, entonces, en un estado de meditación.
- Meditar implica ver muy claramente, y no es posible ver claramente ni estar por completo involucrado en lo que uno ve, cuando hay un espacio entre el observador y la cosa observada. Cuando no hay pensamiento, cuando no hay información sobre el objeto, cuando no hay agrado ni desagrado sino tan sólo atención completa, entonces el espacio desaparece y, por lo tanto, está uno en relación completa con esa flor, con ese pájaro que vuela, con la nube o con ese rostro.
- Es sólo la mente inatenta que ha conocido lo que es estar atenta, la que dice: "¿Puedo estar atenta todo el tiempo?" A lo que uno debe estar atento, pues, es a la inatención. Estar alerta a la inatención, no a cómo mantener la atención. Cuando la mente se da cuenta de la inatención, ya está atenta —no hay que hacer nada más.
- La meditación es algo que requiere una formidable base de rectitud, virtud y orden. No se trata de algún estado místico o visionario inducido por el pensamiento, sino de algo que adviene natural y fácilmente cuando uno ha establecido las bases de una recta conducta. Sin tales bases, la meditación se vuelve meramente un escape, una fantasía. De modo que uno ha de asentar esas bases; en realidad, esta misma manera de asentar las bases, es la meditación.
- Los meditadores profesionales nos dicen que es necesario ejercer el control. Cuando prestamos atención a la mente, vemos que el pensamiento vaga sin rumbo, por lo que tiramos de él hacia atrás tratando de sujetarlo; entonces el pensamiento vuelve a descarriarse y nosotros volvemos a sujetarlo, Y de ese modo el juego continúa interminablemente. Y si podemos llegar a controlar la mente de manera tan completa que ya no divague en absoluto, entonces —se dice— habremos alcanzado el más extraordinario de los estados. Pero en realidad, es todo lo contrario: no habremos alcanzado absolutamente nada. El control implica resistencia. La concentración es una forma de resistencia que consiste en reducir el pensamiento a un punto en particular. Y cuando la mente se adiestra para concentrarse por completo en una sola cosa, pierde su elasticidad, su sensibilidad, y se vuelve incapaz de captar el campo total de la vida.
- El principio de la meditación es el conocimiento de uno mismo, y esto significa darse cuenta de todo movimiento del pensar y del sentir, conocer todas las capas de la conciencia, no sólo las superficiales sino las ocultas, las actividades profundas. Para ello, la mente consciente debe estar serena, calma, a fin de recibir la proyección del inconsciente. La mente superficial sólo puede lograr tranquilidad, paz y serenidad, comprendiendo sus propias actividades, observándolas, dándose cuenta de ellas; cuando la mente se da plena cuenta de todas sus actividades, mediante esa comprensión se queda en silencio espontáneamente; entonces el inconsciente puede proyectarse y aflorar. Cuando la totalidad de la conciencia se ha liberado, sólo entonces está en condiciones de recibir lo eterno.
- Entre dos pensamientos hay un periodo de silencio que no está relacionado con el proceso del pensamiento. Si observas, verás que ese período de silencio, ese intervalo, no es de tiempo, y el descubrimiento de ese intervalo, la total experimentación del mismo, te libera del condicionamiento.
- La meditación no es un medio para algo. Descubrir en todos los momentos de la vida cotidiana qué es verdadero y qué es falso, es meditación. La meditación no es algo por cuyo medio escapáis. Algo en lo que conseguís visiones y toda clase de grandes emociones. Mas el vigilar todos los momentos del día, ver cómo opera vuestro pensamiento, ver funcionar el mecanismo de la defensa, ver los temores, las ambiciones, las codicias y envidias, vigilar todo esto, indagarlo todo el tiempo, eso es meditación, o parte de la meditación. No tenéis que acudir a nadie para que os diga qué es meditación o para que os dé un método. Lo puedo descubrir muy sencillamente vigilándome. No me lo tiene que decir otro; lo sé. Queremos llegar muy lejos sin dar el primer paso. Y hallaréis que si dais el primer paso, ese es el último. No hay otro paso.
Krishnamurti
(comentarios de Krishnamurti sobre meditación extractados literalmente de sus libros, principalmente de:
- "El estado creativo de la mente", Editorial Kier, 1975, Trad: Pedro Sánchez Hernández, 3ª edición
- "Usted es el mundo, Editorial Edhasa, 1983, Trad: Armando Clavier, 2ª edición
- "La libertad primera y última", Editorial Kairós, 1996, Trad: Fundación Krishnamurti Latinoamericana, 1ª edición)

La estratégia del pez que no quería acabar en el anzuelo

Escrito por Ricardo Ros
Millones y millones de personas en todo el mundo dedican su tiempo a planificar estrategias. Si pusiéramos en fila todas las listas de buenas intenciones de la gente, el montón de papeles llegaría hasta Marte. Estoy seguro de que tú también lo has hecho muchas veces a lo largo de tu vida. Piensas "hasta aquí hemos llegado, no puedo seguir así", agarras un papel y una pluma y haces interminables listas de las cosas que quieres conseguir y de las cosas que tienes que hacer para conseguirlas. Te han enseñado que tienes que marcarte objetivos y planificar lo que tienes que hacer para alcanzarlos. Cada objetivo junto a su tarea correspondiente. Dedicas mucho tiempo a planificar tu futuro, pero no pasas de ahí, ahí te quedas, en la planificación. No quiero decir que no haya que planificar. Lo que digo es que dedicamos mucho tiempo a planificar y muy poco tiempo a poner en marcha los planes que tanto tiempo nos ha costado realizar. Hay dos formas de enfocar la vida: crear estrategias para pasar a la acción, o convertir nuestras acciones en estrategias. Parece simple, pero no lo es. Si creas estrategias para pasar a la acción tendrás la sensación de que no avanzas, de que te quedas siempre esperando que ocurra algo, generalmente algo que depende de los demás. Un buen ejemplo de este enfoque son las buenas intenciones de cada principio de año o de cada inicio de curso, que se quedan la mayor parte de las veces en meras intenciones. Planificas lo que vas a hacer y te quedas en la planificación. Si, por el contrario, haces que tus acciones se conviertan en estrategias, tu sensación será que ocurren las cosas que tú quieres que ocurran en el momento en que tú has decidido que sucedan. Primero actúas y el resultado se convierte en la estrategia para la siguiente acción. Los seres humanos sólo creemos en lo que estamos haciendo cuando actuamos, cuando pasamos a la acción. Muchos ensayos, muchos intentos, originan un aprendizaje, una adaptación, un compromiso contigo mismo que te impulsa hacia adelante. Si haces que tus acciones se vuelvan estrategias te convertirás en el líder de tu propia vida. La misión de un líder consiste en ser el director de la orquesta, tomar lo que existe, traducirlo en actividad y cambiar el resultado en un compromiso duradero que desembocará en una nueva dirección estratégica, para volver a comenzar el ciclo. ¿Qué planteamiento prefieres? El primero ya lo conoces y sabes a dónde te ha llevado. ¿Te arriesgas con el segundo?

jueves, 12 de marzo de 2009

¿Por qué cuesta tanto cambiar?

Publicado por Francisco Riquelme Mellado
Es posible que hayamos decidido introducir un cambio en nuestra vida, dejar un mal hábito, adquirir una cualidad espiritual…
Sin embargo notamos que no es fácil dejar de hacer lo que se hacía o de ser de una determinada manera.
El cambio requiere esfuerzo, cuesta trabajo, sacrificio.
Es como si ahora quisiéramos nadar contra la corriente de un río y hay fuerzas que se oponen a ese cambio de dirección.
Hay una resistencia a cambiar. ¿Por qué cuesta tanto cambiar?

1.- Los hábitos adquiridos son caminos en nuestras neuronas que crean sinapsis, conexiones nuevas. En la mente, los hábitos crean raíces poderosas de un árbol acorde a sus efectos y consecuencias. Ese árbol se hará grande y dará buenos frutos o funestos y dará cobijo bajo su sombra a pensamientos, sentimientos y deseos afines.
Los hábitos construyen nuestra vida y nos dan felicidad o nos la roban, por eso es muy importante hacer un inventario de ellos y de todo lo que nos reportan, para descubrir aquellos que desmerecen nuestra vida.
Quitar un hábito pernicioso supone un esfuerzo considerable. Es como arrancar un árbol. Sus raíces, profundamente clavadas en el suelo, lo mantendrán firme a pesar de los envites.
Hay que coger el pico y profundizar en la tierra que lo sustenta, excavar alrededor hasta que las raíces al aire le hayan perdido la sujeción. Si lo cortamos por su tronco, es posible que tiempo después vuelva a retallar, hay que arrancarlo de raíz.

2.- La memoria del espíritu, de la mente y del cuerpo.
Nuestras vivencias dejan una huella en la arcilla de nuestra memoria. Allí quedan grabadas las marcas de nuestras heridas y emociones, de nuestras luchas y conquistas. Esas huellas producen itinerarios que se van repitiendo hasta general un hábito y hasta un carácter.
3.- Aprender a ser de otra manera.
A los humanos nos cuesta mucho aprender. Y aunque el aprendizaje intelectual es difícil y requiere esfuerzo, en el cambio personal tal vez nos sea más complicado alcanzar el éxito. No es lo mismo aprenderse de memoria las capitales de los países del mundo que dejar de ser irreflexivo e impulsivo.
El problema es que mientras hemos trabajo y desarrollado mucho en las capacidades mentales que se ponen en juego en lo intelectual, en el campo de la conducta y el carácter nadie nos ha dado claves para producir modificaciones efectivas.
Ryan y Markova nos hablan de las tres zonas de existencia personal en relacción al cambio vital:

1.- Comodidad: la persona vive dentro del hábito establecido y se siente cómoda en él, porque en ese espacio conocido se siente segura y sin esfuerzo.
2.- Estrés: la persona vive abrumada por la gran exigencia a la que es sometida. Un cambio tan fuerte suele producir una respuesta típica por amenaza o miedo; es decir, una respuesta de lucha o huida.
En este estado es muy difícil aprender nada nuevo, porque hay una actitud de ataque o defensa contra el cambio. La persona considera que el esfuerzo es superior a sus propias fuerzas y voluntad.
3.- Extralimitación: en este estado la persona trata de afrontar nuevos retos, pero acordes con sus capacidades, a su medida. Por tanto debe aplicar un esfuerzo controlado que considerable posible aunque le implique un esfuerzo. En este estado se da el APRENDIZAJE.

Teniendo en cuenta esto parece mejor abordar cambios pequeños, que no nos sobrepasen, evitando la amenaza, sintiendo que se es capaz de afrontar ese cambio y cada conquista ejercerá un efecto motivador.

4.- Lo que no nos gusta hacer.
Con frecuencia, para dejar de ser como se es, es necesario hacer lo que no nos gusta.
Es decir, una persona orgullosa deberá hacer esfuerzos por ceder en su orgullo, lo que considerará auténticas humillaciones; por lo que se resistirá a ello.

5.- Motivación.
¿Realmente quiero cambiar?
Si alguien quiere cambiar cambiará. Es posible que no sea un cambio radical, pero avanzará. Y para ello hay que realizar una fuerza de voluntad que sea superior a las barreras que se oponen al cambio dentro de nosotros o en nuestro entorno.