sábado, 25 de julio de 2009

EL VERDADERO ESCÉPTICO ES EL QUE EXPLORA LO QUE DESCONOCE

Los líderes del mañana son los que hoy están "abiertos al cambio" y cuya "autoestima" está basada en su "capacidad de adaptarse y crecer"
Entrevista realizada a Fredy Kofman por Borja Vilaseca 23/09/2007

En 1943, el psicólogo estadounidense Abraham Maslow formuló una teoría sobre las motivaciones humanas, la llamada Pirámide de Maslow, en la que se describen cinco escalones o tipos de necesidades: de fisiología y supervivencia, de seguridad y protección, de afiliación y pertenencia, de reconocimiento y autoestima y, por último, de autorealización o trascendencia. Estas últimas, situadas en lo más alto, "son las que mueven al ser humano a encontrar un sentido a su vida y a desarrollar todo su potencial al servicio de una actividad", detalla Maslow. Así, esta teoría sostiene que "conforme va satisfaciendo sus necesidades básicas, el ser humano desarrolla aspiraciones cada vez más elevadas, intrínsecamente relacionadas con la conquista de la felicidad".
"El sistema capitalista es el único que transforma la codicia en servicio"

"Los líderes irracionales son los que todavía no se han dado cuenta de que tratar a las personas como seres humanos mejora los beneficios"

"Si basas tu autoestima en saberlo todo, reconocer que no sabes y, por tanto, tener que aprender, te va a dar una patada en el hígado"

A principios del siglo XXI, cada vez más expertos relacionan la evolución de la conciencia y de las necesidades del ser humano con los cambios que están llevando lenta pero progresivamente las organizaciones empresariales y, por ende, el sistema capitalista. Entre los pensadores occidentales que más están influyendo a los empresarios de todo el mundo se encuentra el argentino Fredy Kofman (Buenos Aires, 1960), presidente de la consultora internacional en temas de liderazgo y aprendizaje organizacional Axialent y autor de Metamanagement. La nueva conciencia de los negocios (Granica) y Conscious Business (Sounds True). En estas obras Kofman reflexiona sobre las potencialidades y los desafíos que tienen ante sí el hombre, la empresa y el sistema de libre mercado.

Pregunta. En Occidente, la mayoría de personas ya no tiene que preocuparse por su supervivencia ni por la seguridad de su integridad física. ¿Qué efectos tiene este hecho en las empresas?

Respuesta. Ahora mismo, para atraer, retener y motivar a los mejores profesionales (que destacan por su entusiasmo, compromiso e imaginación) ya no vale con ofrecer más dinero: a las empresas no les queda otro remedio que enfocarse hacia la satisfacción de necesidades superiores. Como describió Maslow, éstas incluyen el pertenecer a una comunidad, el autoconocerse y el expresar valores trascendentes. Ésa es la razón por la que cada vez más compañías están transformando sus entornos de trabajo, de manera que fomenten relaciones humanas solidarias y espacios para el crecimiento personal y profesional.

P. ¿Cuál es el mayor obstáculo para impulsar estos cambios?

R. Que los líderes de hoy se criaron en entornos laborales del ayer, donde el único foco era la productividad material, sin tener en cuenta la dimensión humana de las personas. Pero esta gestión materialista ya no es suficiente. O bien los líderes cambian, o el proceso de destrucción creativa del mercado se encargará de cambiar a los líderes. Los dinosaurios de la era material han perdido su nicho ecológico y se extinguirán, liberando recursos para los nuevos empresarios de la era mental. Estamos inmersos en una revolución de tecnología social y emocional.

P. ¿Cómo se lo están tomando los empresarios más veteranos?

R. Como la mayoría de nosotros, suelen tener una idea equivocada de autoestima: la autoestima del sabelotodo. Nos creemos que lo que nos da valor es el hecho de tener las respuestas correctas. Así, reconocer que las respuestas del ayer pueden no ser las del mañana genera una gran reactividad y una gran sensación de miedo. Y es lógico, porque si basas tu autoestima en saberlo todo, reconocer que no sabes, y que por tanto tienes que aprender, te va a dar una patada en el hígado...

P. Habrá empresarios más humildes y flexibles, ¿no?

R. Sí, son los que se muestran abiertos al cambio, también llamados los líderes del aprendizaje. En vez de ser sabelotodos son aprendices. Tienen una autoestima basada en su capacidad de adaptarse y crecer. No están aferrados a las respuestas de ayer, sino que están mucho más interesados en inventar las respuestas del mañana. Este cambio de conciencia, de ser un sabelotodo a convertirse en un aprendiz, es el que abre la puerta a todos los procesos de innovación posteriores.

P. ¿Cuál es el puente que posibilita pasar de un estado al otro?

R. Las personas que superan el modelo mental del sabelotodo suelen haber vivido un despertar de la conciencia, provocado por la pérdida de un ser querido, un proyecto personal que falla, un fracaso profesional, una enfermedad y, en definitiva, por la experiencia transformadora que supone el sufrimiento. Despertar significa descubrir quiénes somos, cuáles son nuestros valores más esenciales y cuál es nuestra verdadera relación con la existencia. En el pasado, éstos eran temas exclusivos del sacerdote o el psicoanalista... Sin embargo, éstos han perdido, felizmente, su monopolio. En el mundo de hoy, el trabajo es un ámbito perfectamente adecuado para expresar nuestra humanidad.

P. Sin embargo, muchos empresarios se muestran escépticos frente a este despertar.

R. El problema es que la palabra escéptico está mal interpretada. El verdadero escéptico es el que reconoce que no sabe y que explora lo que desconoce para ver qué pasa. Más que escepticismo, lo que cunde es el cinismo. El cínico es el que tiene una posición tomada previa a la experiencia y tan sólo se centra en destruirla, sin llegar a comprenderla. Frente al desarrollo personal, el cínico está convencido de que no sirve, negándose la oportunidad de aprender y de crecer. En el fondo, es víctima de su ignorancia y del miedo a reconocerla y hacerle frente.

P. Como consecuencia de este tipo de liderazgo, en España empieza a hablarse sobre empresas tóxicas para los trabajadores.

R. Lo cierto es que este tipo de jefes creen que pagan un salario para que los trabajadores cumplan órdenes, lo que genera cumplimiento y no compromiso. Además, el seguir órdenes sin pensar es muy destructivo para el ser humano. Y es que no somos robots ni máquinas, somos personas con inteligencia, emociones, alma... Por eso abunda el estrés y el vacío existencial. El verdadero intercambio consiste en que el empresario paga un salario al trabajador, dándole la oportunidad de participar en una sociedad de trabajo, en la que puede desarrollarse como persona. A cambio, el trabajador tiene que esforzarse para cumplir sus tareas, respetando y cooperando a sus compañeros, e interesándose por su propio crecimiento y desarrollo, generando así valor añadido para la empresa.

P. Muchos empresarios se justifican aludiendo que apenas tienen tiempo para reflexionar sobre cómo posibilitar estos entornos laborales saludables.

R. No es un problema de tiempo, sino de prioridades. El tema es cómo utilizar el tiempo de la mejor manera posible.

P. También suelen decir que el afán de lucro les obliga a centrarse en lo material y tangible.

R. Eso es, con perdón, una insensatez. Crear el mejor entorno de trabajo posible está alineado con el afán de lucro. Para ganar dinero no tienes que ser autoritario y despiadado, sino todo lo contrario. La investigación más seria sobre este asunto demuestra que las empresas que más ganan son aquellas donde la gente más a gusto está. La satisfacción de las personas multiplica sus ratios de rendimiento y eficiencia. Así que da igual lo que crean los empresarios: si quieren más beneficios, tendrán que aprender a tratar a los seres humanos como seres humanos y no como máquinas. Liderar el entusiasmo es mucho más productivo que gestionar la obediencia. Los líderes irracionales son los que todavía no se han dado cuenta.
"El sistema capitalista es el único que transforma la codicia en servicio"
Pregunta. ¿Qué opina sobre el sistema capitalista?

Respuesta. El sistema de libre mercado permite que las personas intercambien bienes y servicios de manera mutuamente conveniente. Es el único sistema económico que transforma la codicia en servicio: la mejor manera de hacerte rico es ayudar a otras personas de tal modo que estén dispuestas a pagar por los bienes y servicios que les ofreces. Para conseguir, primero tienes que dar...

P. ¿Y qué hay del impacto que tiene sobre el planeta?

R. El problema no es el sistema de libre mercado, sino los actores que operan a través de él. En este sentido, es indudable que el sistema capitalista que existe hoy está pervertido por la falta de derechos de propiedad y una legislación intrusiva. Y esta perversión globalizada tiene un precio muy alto: la manera en la que lo estamos viviendo es autodestructiva.

P. ¿Y cuál es su propuesta?

R. Ya que los seres humanos ocupamos más tiempo en nuestro trabajo que en ninguna otra actividad, es fundamental ir más allá del management como actividad meramente productiva, y reconocerlo como una actividad esencial de la conciencia, como un gesto de magnanimidad humana. Cuando dicho despliegue esté orientado hacia los valores últimos, el trabajo se volverá una obra de arte, de amor y de libertad. Mientras esté regido por vicios pusilánimes o inconsciencia, el trabajo será un infierno. Así, el mundo del trabajo es el tablero donde la plenitud y la miseria juegan su partida. Son piezas blancas contra negras y uno tiene que elegir de qué lado está.

P. Entonces, ¿aboga por la responsabilidad individual?

R. Por supuesto. Cualquier cambio externo es fruto de una transformación interna. La evolución del sistema de mercado vendrá como consecuencia de la evolución de la conciencia del ser humano, que le conecta con su parte espiritual. Y la experiencia de la espiritualidad es la que te lleva a hacerte el bien a ti mismo, a los demás y a la realidad de la que todos formamos parte.

1 comentarios:

Antoni dijo...

Gracias por la referencia permanente en tu blog. Seguimos. Nos leemos.

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